La joven lanzó todo al jodido demonio, así de simple. Nunca sintió que una desición la liberara y la hiciera sufrir tanto al mismo tiempo.
Se ahogó en sus propias lágrimas por el sólo hecho de no querer escuchar, el ya típico: "te lo dije".
Recordó todo lo sucedido y en esos momentos, la castaña reprimió el impulso de querer gritar como una loca. Una mueca desagradable se plasmó en sus rostro pálido al sentir el sabor a ácidez que le dejaba todo lo sucedido.
Despúes de todo, a veces, probar el fruto prohibido puede traer peores consecuencias que la enfermedad.

Hola, soy yo otra vez, Julieta.
ResponderEliminarEspero no tener ningún problema con mi nuevo blogger jajaja.
Bien, estamos en contacto.
Cariños.
La fruta prohibida... muy buena imagen. Me has dado qué pensar.
ResponderEliminarCariños.